Pequeño monasterio
Lumen Crucis

Navalón, España


Hermanitos del Cordero
Pequeño monasterio Lumen Crucis
(actualmente: Pequeño Monasterio de la Transfiguración)
46811 Navalón
ESPAÑA
T. (+34) 680 51 46 61
(–a 15 km aprox. de Moixent, y de Enguera-)

Construcción del “Pequeño Monasterio LUMEN CRUCIS”
Queridos amigos: “Lumen Crucis” (Luz de la Cruz) es el nombre del pequeño monasterio que los hermanitos estamos construyendo en Navalón. La vocación del pequeño monasterio del Cordero es la de ser un lugar en que se transparente la Caridad de Dios, en donde somos llamados a pasar de las tinieblas a la luz para vivir la paz y el amor fraterno.
Con todo nuestro corazón damos las gracias a todos los que nos están ayudando con tanta generosidad. Y especialmente a los jóvenes que, espontáneamente suben con ilusión para ser ellos ya la primera piedra de esta tierra para Dios. ¡GRACIAS A TODOS! ¡GRACIAS A TODOS LOS JÓVENES!
Deseamos que este lugar sea siempre un lugar de luz y de paz donde todos los que vengan reciban y experimenten el amor de Dios: del Cordero que “herido, nunca deja de amar”.

Para más información sobre la construcción puede visitar el sitio Lumen Crucis

Horarios
sábado: 12h30 misa
domingo: 12h30 misa / 17h30 vísperas y adoración
Estáis siempre invitados.

Relato del “primer don”
Os compartimos el relato del primer don recibido después del 16 de julio de 2012, día en que recibimos oficialmente la propiedad del terreno:

“Dos moneditas”
Estamos en misa. Es el día después de la festividad de la Transfiguración y, unos días antes, un hermanito, pensando en la construcción del futuro pequeño monasterio Lumen Crucis hizo una oración a San José: “Por favor, envíanos un gran don, un gran donante para poder empezar”.
He aquí que este día, 7 de agosto de 2012, el Evangelio proclamado en la eucaristía nos habla de una viuda pobre, muy pobre, que no tenía nada para vivir, solamente dos moneditas. Y ella las da, ofrece todo lo que posee, y nadie la ve. Nadie, salvo Jesús; que llama a sus discípulos para que ellos también puedan verla y aprender de ella. El Evangelio nos lo dice: “Llegó también una viuda pobre y echó DOS MONEDITAS (en el Tesoro del Templo) (…) Entonces, llamando a sus discípulos, Jesús les dijo: «Os digo de verdad que esta viuda pobre ha echado más que todos los que echan en el arca del Tesoro. Pues todos han echado de los que les sobraba, ésta, en cambio, ha echado de lo que necesitaba, todo cuanto poseía, todo lo que tenía para vivir.” (Mc 12, 41-44). Esta viuda lo da todo… ¡porque tiene a Dios en su corazón!
Al acabar la misa, un niño va con sus padres a hablar con un hermanito. Los padres le dicen: “hace unos días nuestro hijo decidió dar todos sus ahorros para la construcción del pequeño monasterio de los hermanitos en Navalón”. Entonces el niño de siete años, sonriendo, mete su pequeña mano en su bolsillo y, con toda naturalidad, da al hermanito todos sus bienes, todo lo que posee: es decir cuatro euros… dos monedas de dos euros cada una. ¡DOS MONEDITAS!
El hermanito, conmovido, acoge esta ofrenda y, en su interior, recuerda la oración hecha a san José unos días antes: “El gran Don. El gran donante…”.
Esta es la respuesta de la Providencia. Este es el primer don desde el día en que recibimos la propiedad del terreno. Una “palabra de Dios” para nosotros. Dos moneditas… un niño… el gran donante… la primera piedra. ¡Dios está aquí! Entonces, ¿por qué preocuparnos?

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