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La
Comunidad del Cordero
ha
nacido de esta Palabra: “EN
SU CARNE... EN SU PERSONA, CRISTO MATÓ
AL ODIO” (1) Palabra
que se encarna en este propósito: “HERIDOS,
NO CESARÉIS JAMÁS DE AMAR”, vivido
en el humilde cotidiano.
Tal
es el crisol en el que el Espíritu del
Señor nos purifica, nos convierte, nos
modela para que seamos esos peregrinos,
esos “enviados” orantes, pobres y mendicantes,
mensajeros del Evangelio de la Paz, del
AMOR MÁS FUERTE QUE TODO ODIO Y QUE LA
MISMA MUERTE.
I-
Esta experiencia y esta contemplación
del misterio del Cordero tiene su fuente
en la EUCARISTÍA,
corazón de nuestra vida; en
la liturgia de las horas y de las fiestas
ampliamente celebrada en el corazón
de la Iglesia, que se prolonga en la adoración
eucarística.
Las
hermanitas se dejan recrear por la Palabra
de Dios. Con la Virgen María, guardan
sin cesar la Palabra del Señor en su corazón
–“en casa como en camino”. Es el corazón
de su vida.
Consagran
mucho tiempo a la oración
personal, al estudio,
y se retiran regularmente “al
desierto” para oír, con María,
al Señor hablar en su corazón.
II-
Así, haciéndose uno con la Pasión de Jesús,
por la gracia del bautismo, la oración
y la ofrenda de sus vidas consagradas,
las hermanitas del Cordero son, con la
virgen María, MISIONERAS
DE LA SANTA FAZ.
Siguiendo
a Jesús pobre y crucificado, tras los
pasos de nuestros padres santo Domingo
y san Francisco, en búsqueda de la oveja
más perdida, orando sin cesar el Nombre
de Jesús, van de puerta en puerta, pidiendo
la limosna del pan de este día.
Testigos
del Amor mendicante de Dios.
Testigos
del Evangelio de nuestro Señor Jesucristo.
En
casa o en camino, de día o de noche, compartirán,
en la medida de la gracia que les es dada,
la suerte de todos aquellos que hoy, en
el mundo, son tratados como el recién
nacido de Belén y el crucificado del Gólgota...
“hombres de dolores, sabedores de dolencias,
ante quienes se oculta el rostro” (2),
estos mil y un rostros: vecinos, hermanos
y amigos, familiares de nuestros caminos.
Las
hermanitas anuncian el Evangelio a los
pobres, para que todos, ricos y pobres
sean evangelizados. Es
el camino de la kenosis indicado por Jesús
para anunciar el Evangelio a todo hombre
de buena voluntad.
En
este anuncio del Evangelio, fieles a su
historia privilegiarán a los jóvenes y
especialmente a los jóvenes universitarios
(es con jóvenes universitarios que tuvo
lugar el primer encuentro de la primera
hermanita con los más pobres y perdidos
–en la noche- en los barrios difíciles
de París). Ellas pondrán empeño en mantener
este puente entre los mundos que se ignoran.
Así
las hermanitas del Cordero hacen a cada
hombre, también al enemigo,
“LA
OFRENDA DE LA RESURRECCIÓN” (3)
HERIDOS
NO CESARÉIS JAMÁS DE AMAR.
Extracto
del Propósito de Vida de las hermanitas
del Cordero o.p.
(1)
Efesios 2,13-19
(2)
Isaías 53,3
(3)
Romanos el Cantor
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